25 febrero, 2020

Estadios deportivos revitalizan mercados inmobiliarios: NKF

Según un análisis que se realizó en Estados Unidos sobre el impacto que tienen los estadios y arenas en entornos, se destaca la tendencia que presentan para impulsar los mercados inmobiliarios comercial, turístico, servicios y residencial, asegura la firma Newmark Knight Frank (NKF).

México, que se está preparando con tres de los 22 estadios para responder a la demanda que surgirá con el Mundial de Fútbol 2026, que compartirá con Estados Unidos y Canadá; estas tendencias son relevantes por las implicaciones que tiene la construcción de un inmueble deportivo.

NKF señala que estas infraestructuras se construyen donde la tierra está disponible, que por lo general no es en las áreas ya activadas de la ciudad, sino en zonas poco utilizadas, con escasos conductores de demanda para provocar la revitalización orgánica, y a veces, en un lugar suburbano.

Como resultado, los desarrolladores compiten por identificar propiedades o tierra disponible para crear destinos de entretenimiento para antes y después de juegos y conciertos. Sin embargo, el nuevo desarrollo tarda años en fructificar, a menos que forme parte de un sitio con un plan maestro determinado.

Detonante inmobiliario 

“Un estadio para que sea exitoso debe impulsar zonas de servicios como hoteles, restaurantes y centros comerciales y de entretenimiento para antes y después del juego, así como inmuebles habitacionales a poca distancia”, señaló Pedro Delgado Beltrán, director de Hospitality de Newmark Knight Frank (NKF), presidente para México.

Además, un estadio habla por sí mismo de la evolución y desempeño de un club deportivo, aportando positivamente al posicionamiento e imagen de una ciudad [ejemplo, como Barcelona] o incluso un país [Brasil]. Si a esto se le añade valor con el diseño arquitectónico, tecnología, versatilidad de usos, etc., el impacto es mucho mayor.

“Los encuentros deportivos, espectáculos artísticos o conciertos y las instalaciones mismas, constituyen una experiencia adicional dentro de la oferta de atractivos y actividades que ofrecen los destinos, generando flujos de aficionados o “fans” a determinadas zonas de la ciudad, presentándose oportunidades para el establecimiento de una nueva oferta complementaria de entretenimiento, diversión y recreación, acompañando restaurantes, clubes nocturnos, entre otros, y aportando una mayor derrama económica en la ciudad”, agregó Delgado Beltrán.

Expectativas para Estado de México 

El caso del nuevo estadio del club Cruz Azul, cuya sede será en Tlalnepantla, tiene según sus diseñadores, el objetivo de crear otras propuestas de reactivación, de transporte público, buscar soluciones de movilidad y atractivo, aunque tiene cerca al tren suburbano.

De acuerdo al estudio de NKF, los desarrollos de usos mixtos en torno a instalaciones deportivas son cada vez más populares y México debe aprovechar esta tendencia para estar listo para el evento deportivo más popular en el mundo.

Los nuevos estadios ofrecen la oportunidad de rejuvenecer inmuebles subutilizados. Para los propietarios de instalaciones actuales y que ya vieron pasar sus mejores días, esto puede dar lugar a un aumento de los valores, especialmente si se complementa con un proyecto de uso mixto.

“Contar con oficinas cercanas e inquilinos que buscan ser parte de un nuevo desarrollo con amenidades, por lo general, serán oportunidades que no se deben rechazar, pero una gran parte del éxito de cualquier proyecto impulsado por el deporte descansará en su capacidad para complementar los desarrollos existentes y futuros, para formar parte de un entorno de oficina, residencial y comercial planificado y activo”, puntualizó el director de Hospitality de NKF.

Actualmente 17 estadios están en etapa de construcción o recién inaugurados en México y uno será el primero eSports, dentro de la industria de videojuegos y son:

¿Qué hará el Instituto de Planeación?

El Instituto de Planeación se definió en la ley como un organismo público descentralizado, mas no independiente del gobierno local. Su tarea será conducir la planeación de la ciudad, así como crear y dar seguimiento a los instrumentos de planeación.

Aún carece de la ley orgánica que defina sus funciones y alrededor de 35 cargos; sin embargo, cuando entre en vigor la Ley de Planeación, comenzará a correr un plazo de 60 días para que quede integrada la institución.

El instituto estará conformado por:

  • Junta de Gobierno.
  • Dirección General.
  • Directorio Técnico.
  • Consejo Ciudadano.
  • Oficina de consulta pública y participación social.

La Junta de Gobierno será el órgano rector del instituto y estará presidida por la jefa de gobierno. Además, estará integrada por los titulares de las secretarías de Finanzas, Gobierno, Medio Ambiente, Gestión Integral de Riesgos y Desarrollo Urbano, así como por tres integrantes del cabildo capitalino y siete consejeros ciudadanos, quienes serán elegidos por el Comité Técnico de Selección, formado por invitación de la mandataria local.

El instituto será el encargado de elaborar el Plan General de Desarrollo y el Programa General de Ordenamiento Territorial, es decir, los instrumentos que definirán bajo qué criterios deberá desarrollarse la CDMX en el largo plazo.

¿Quién dirigirá el instituto?

Sheinbaum tendrá la posibilidad de influir directamente en la selección de quien estará a cargo de la Dirección General.

Esta persona será elegida de una terna propuesta por el Comité de Selección, que a su vez estará formado a partir de la convocatoria que lance la propia jefa de gobierno. El elegido deberá ser ratificado por el voto de tres cuartas partes de los diputados del Congreso capitalino y durará en el cargo cinco años, con la posibilidad de ser reelegido por tres años más.

Entre los candados para los aspirantes a dirigir instituto está el no haber sido candidato o haber ocupado un cargo de elección popular; también, no haber sido presidente nacional o estatal de un partido político en los últimos cuatro años.

¿Cómo se plantea el desarrollo a 20 años?

Para establecer esta visión, se plantea crear el Plan General de Desarrollo Urbano y el Programa General de Ordenamiento Territorial.

Plan General de Desarrollo. Definirá para el largo plazo las políticas de la ciudad en la materia y a él deberán sujetarse todos los programas y proyectos públicos, además de la programación y ejecución del presupuesto. Tendrá una vigencia de 20 años.

Deberá ser elaborado por el instituto, que lo mandará a la Jefatura de Gobierno. Será esta la que defina cómo participarán los ciudadanos para dar su opinión a partir de foros y propuestas.

Más información: La industria inmobiliaria será inviable en la CDMX sin sustentabilidad

El plan deberá incluir criterios de ordenamiento territorial, bienestar social, economía distributiva, patrimonio de la ciudad, coordinación metropolitana, ciudad global, hacienda pública, derechos humanos y seguridad ciudadana.

Cuando se terminen de incorporar las propuestas ciudadanas, el plan será devuelto al instituto y después irá de regreso al gobierno, para finalmente ser sometido a votación del Congreso. Sheinbaum y los alcaldes capitalinos —con los instrumentos de planeación de sus respectivas demarcaciones— contarán con la ventaja de la afirmativa ficta, pues si en un plazo de seis meses no se discuten los documentos, estos se tendrán por aprobados.

Programa General de Ordenamiento Territorial. A través de él se regulará la ocupación y el uso del suelo de la ciudad. Contendrá las normas generales y los instrumentos del aprovechamiento del territorio. Establecerá los principios para el desarrollo sustentable en el suelo de conservación, así como el uso equitativo y eficiente del suelo urbano con una vigencia de 15 años.

¿Y habrá otros instrumentos de desarrollo?

Se suma a los nuevos instrumentos de planeación el Programa de Gobierno de la CDMX, que será elaborado cada seis años por quien ocupe la Jefatura de Gobierno. Deberá sujetarse al Plan General de Desarrollo y al Programa General de Ordenamiento Territorial.

Definirá los objetivos del gobierno central, y podrá revisarse y modificarse de ser necesario cada tres años.

También está el Programa de Ordenamiento Territorial de cada alcaldía, que tendrá la definición de los usos de suelo para delinear qué y cuánto se puede construir en cada demarcación. Esto último pasará de tener que ser aprobado por el Congreso a estar bajo control de los alcaldes.

El resto de los instrumentos de planeación son:

  • Programas sectoriales, especiales e institucionales.
  • Programas de gobierno de las alcaldías.
  • Programas parciales de colonias, pueblos y barrios originarios y comunidades indígenas residentes.

¿Y qué fechas importantes vienen?

Con la ley ya aprobada, ahora las fechas a las que hay que prestar atención son:

  • 1 de octubre de 2020: para ese día debe estar el Plan General de Desarrollo.
  • 1 de enero de 2021: para esa fecha deben estar el Programa de Gobierno central y los programas de Gobierno de las alcaldías.
  • 1 de octubre de 2021: para ese entonces deben estar el Programa General y los programas de Ordenamiento Territorial de las alcaldías.

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