22 mayo, 2019

¿Cuáles son las fuerzas que arrastran a Venezuela al caos?

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Las cosas se mueven rápido en Venezuela y no a favor del presidente Nicolás Maduro. Las protestas en Caracas la noche de su segunda inauguración, el 10 de enero, se convirtieron rápidamente en manifestaciones organizadas mientras miles escuchaban el llamado del líder opositor Juan Guaidó a marchar contra el régimen.

Al momento del cierre de esta publicación, Maduro permanece en el cargo, pero enfrenta una letanía de amenazas: la economía, que ha sido devastada por los bajos precios del petróleo; poderosos intereses internacionales, incluidos los estadounidenses que condenaron su reelección de 2018 como ilegítima; Guaidó, jefe de la Asamblea Nacional, quien reclamó el título de presidente interino hasta que se puedan convocar nuevas elecciones; y los militares, cuya lealtad Maduro necesita por encima de todo para aferrarse al poder.

El presidente hizo una demostración de cortejar el apoyo de las fuerzas armadas y ha enviado fuerzas de seguridad a zonas de disturbios. En tanto, Guaidó va libremente por Caracas organizando mítines y construyendo un gobierno en espera. El control de Maduro se vuelve más tenue.

Los partidarios de Guaidó se desplegaron por primera vez en las bases militares y en las estaciones de la guardia nacional alrededor de Caracas en los días posteriores a que se declarara a sí mismo presidente el 23 de enero. Hasta el momento, el principal oficial militar del país está con Maduro, quien hace mucho tiempo aseguró su lealtad con premios lucrativos: las riendas de Petróleos de Venezuela SA (PDVSA), la compañía petrolera estatal; control de puertos; proyectos de vivienda; y los derechos a valiosas concesiones mineras y petroleras.

Sería una sorpresa que los líderes militares rompieran filas y se movieran en contra del régimen autoritario, señala el historiador Tomás Straka, de la Universidad Católica Andrés Bello en Caracas: “Sus intereses económicos y su visión están completamente fusionados con los de Maduro”. Varios oficiales de alto rango han sido sancionados por EU, acusados ​​por los fiscales estadounidenses de delitos de corrupción, narcotráfico, entre otros crímenes.

Muchos en la milicia están todavía con Maduro, al menos públicamente. No pocos fueron fotografiados quemando documentos de amnistía. Sin embargo, la disidencia se ha intensificado desde antes de la tenencia de Maduro. Un golpe militar depuso a su predecesor y mentor, el difunto Hugo Chávez, durante unos días en 2002. Un general de división de la Fuerza Aérea venezolana reconoció a Guaidó como presidente en un video y la moral entre los soldados ha caído en los últimos meses, ya que la economía se ha desmoronado, y los que están abajo en la cadena de mando luchando junto al resto de la población, también tienen que lidiar con la escasez de alimentos y medicamentos, apagones y llaves de agua que se secan. Ha habido informes de deserciones. Consultados sobre sus reacciones a la oferta de amnistía, algunos uniformados patrullando la ciudad, con los rifles colgados sobre los hombros, hicieron un guiño o un pulgar hacia arriba.

Mientras que aliados clave como Rusia y China continúan apoyando a Maduro, la facción a favor de Guaidó se expandió rápidamente e incluyen a Canadá, Israel y Reino Unido. En América Latina, 11 países se alinearon para seguir el ejemplo del presidente Trump y ya presionan por un cambio de régimen. Entre sus motivaciones: más de 3 millones de personas han huido de Venezuela, según el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados. “Esta no es simplemente una cuestión de aplicar principios democráticos, es una cuestión de países que cargan con el peso de las consecuencias negativas”, dijo Benjamin Gedan, exdirector para América del Sur del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca.

No todos en la región están de acuerdo con el plan.

México y Uruguay han llamado al diálogo; Bolivia, Cuba y Nicaragua han reiterado su apoyo a Maduro. En tanto, Francia y Alemania reconocieron a Guaidó como presidente encargado luego de que el gobierno de Maduro no convocara a nuevas elecciones en el plazo que habían demandado inicialmente.

Estados Unidos ha apoyado a Guaidó en una especie de juego de engaños, insinuando que podría estar construyendo una fuerza militar en Colombia para invadir si fuera necesario. Al dirigirse al Consejo de Seguridad de la ONU, el secretario de Estado de EU, Mike Pompeo, fue franco. “Ahora es el momento de que el resto de naciones elija un bando”, sentenció. “O estás con las fuerzas de la libertad, o estás aliado con Maduro y su caos”.

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Bloomberg

La administración de Trump asestó su golpe más duro a Maduro cuando impuso nuevas sanciones a PDVSA. Venezuela, que fue el mayor productor petrolero de América Latina, produce menos que Dakota del Norte en estos días, pero las ventas de petróleo siguen siendo su principal fuente de ingresos. Las sanciones impedirán efectivamente que la compañía petrolera nacional exporte crudo a EU y obstaculizará el flujo de efectivo del régimen. Se permitirá que su subsidiaria estadounidense, Citgo, continúe operando, pero todos los ingresos se mantendrán en cuentas a las que el régimen de Maduro no puede acceder. Guaidó se ha comprometido a designar sus propias juntas directivas para PDVSA y Citgo, un gesto mayormente simbólico por ahora, pero que suma a su aura de autoridad.

Pompeo dio otro paso para eliminar a Maduro el 29 de enero, otorgándole a Guaidó el control de los activos y propiedades venezolanas en bancos asegurados por EU, incluido el Banco de la Reserva Federal de Nueva York. (El Departamento de Estado se ha negado a decir cuánto dinero hay en las cuentas). Los funcionarios estadounidenses también presionaron con éxito al Banco de Inglaterra para que le negara a Maduro el acceso a 1.2 mil millones de dólares en oro que el gobierno venezolano tiene en Londres, lo que obstaculiza sus esfuerzos para retirar fondos en el extranjero.

El gobierno de Maduro le debe a Rusia y China miles de millones de dólares en pagos de préstamos, pero es poco probable que eso perturbe al presidente. Desde que Trump comenzó a imponer sanciones a Caracas en 2017, el gobierno ha incumplido con el pago de más de 9 mil millones de dólares en deuda con los tenedores de bonos, pero ambos acreedores han sido firmes en su apoyo hasta el momento.

El verdadero problema para Maduro es perder la capacidad de repartir dinero. Mientras más control gane en la economía Guaidó, más presionado estará Maduro para mantener a los aliados clave a su lado. El ejército, por ejemplo, es poco probable que se quede a su lado si pierde el poder económico.

AP

Hambrientos, quebrados y agotados, los venezolanos están más enojados que nunca con Maduro. Y después de más de un año de silencio tras las manifestaciones masivas de 2017, Guaidó ha reavivado su pasión por la protesta.

Anteriormente, Maduro lanzó una serie de redadas nocturnas en los barrios de clase trabajadora y otras zonas marginales que alguna vez fueron bastiones chavistas sólidos pero que han comenzado a alejarse. Allí, bajo la cobertura de la oscuridad, los miembros de la letal Fuerza de Acción Especial utilizaron gases lacrimógenos, armas e incluso granadas contra los manifestantes. “Maduro no soltará el poder fácilmente”, dice Jesús González, un conductor de taxi en motocicleta en el vasto barrio pobre de Petare. “No le importa llenar de plomo a quien proteste en su contra”.

Pese a todo, Guaidó no ha sido arrestado. Aunque Maduro le ha impedido salir del país, hasta ahora ha tenido la libertad de viajar localmente, reunirse con líderes extranjeros y hablar con la prensa. Los apagones de las redes sociales han restringido su alcance a veces, mientras que Maduro ha estado recorriendo las instalaciones militares del país seguidas por un equipo de televisión que filma a los generales mientras juran su lealtad.

Hasta el cierre de esta publicación, Guaidó seguía liderando manifestantes.

Fuente: El Financiero

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